Hay días en que uno amenece con la melodía y sin letra. Pero eso no es un problema, si existe una solución. El no tendrá la voz de alejandro saenz, pero en cuestión de letras solo necesita de tiempo y un cenicero cerca. Porque el escribe, describiendo, sabiendo, en silencio, que no es un hechizo, no es conmoción, es la emoción, de la sensación, de un corazón, de su corazón. Y mientras uno come un tazón el pide más para la cuarta, repetición. Calamaro viviendo en constante estado de off side creativo. Adelantándose sin importarle si lo que viene será un hit o una debacle. Y si es una debacle para el salmón no será una derrota sino un leve anticipo de la próxima canción demoledora.
Y es ese el tílin del corazón, escribir canciones siguiendo el compas de un corazón que primero se expande y después dilata.