Julio 23, 2008...12:25 am

A los ojos

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Hay dos clases de canciones que nos gustan: las que nos igualan y las que nos diferencian. Uh. Bueno pueden haber más, que se yo. Pero si tuviera el poder mesiánico de dividir las aguas musicales en dos grandes montones, lo haría así. Estás en un antro y ya pasaste la etapa de aclimatación: tus ojos distinguen entre las penunbras, te haz quitado la chaqueta de encima , sostienes un vaso, porque esta noche estás a la altura de cualquiera. Hablas con quién viniste o te acercas al grupo menos agresor, y empiezas a observar. Ahí en esa temperatura escuchas la canción que hace que todos salgan de sus pequeños mundos, convirtiéndose en parte del coro. No estás sorprendido, una canción así no puede quedar por mucho tiempo sin una fanaticada desorejada. Esas canciones suenan (no importa la melodía) de la puta madre.

Pero es cuando estamos tirados en la cama con el playlist dándole replay en la misma canción. Sí. A los ojos fue mi primera canción para diferenciarme. Porque yo escuchaba esa canción mientras otros seguían el ritmo de MTV. Yo escuchaba A los ojos y miraba los papelitos escupidos en mi techo. Yo escuchaba y trataba de ponerle una escena a cada verso.  Pero ahora que se acerca el concierto, voy a pederderla. Porque si la toca, no me queda duda que mi voz al ritmo del oohoho, del coro, será parte de los ecos salmonianos.

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