Es una canción bastante triste. El tipo se come las uñas esperando que ella regrese. Y aunque le duela noche y día rechaza la idea de una canción hecha de venganzas. En cambio es una alabanza que dispara al recuerdo –porque olvidarla sí sería terrible– para tenerla cada vez presente como una canción que todavía es de amor. Los Rodríguez por entera culpa de un Calamaro post Honestidad Brutal, se caracterizaron por el sonido pachanguero-flamenco. Más apegados a la melodía que a la densidad de la letra, que no pasaba del estribillo coreable. Pero aquí en una de esos contratos estilísticos generado por la admiración más humilde, más camaleón, capta el verso de la canción al estilo Sabina, siempre jugando con la ironía de reírse de uno mismo y disfrutarlo. Escribiendo una de las letras que provocan envidia a cualquiera, con simples juegos de palabra. ” no corras si te digo quédate; no te vayas si te digo, pierdeté”. Así, sucesivamente, se presta con descaro, para ser oída una y otra vez. Una canción tan simple que debajo oculta, pequeños filos de navaja.
El verso: “la luna toma al sol de madrugada”